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Mensaje  Marea el Mar Nov 08, 2011 6:14 pm

Era horrible. Todo estaba mal. Y ni siquiera era capaz de explicar cómo odiaba que eso pasase. Y lo peor es que por más que lo mirara, no sabía qué estaba fallando. ¿Sería el color? Miraba de reojo la paleta y eran colores que le gustaban, las mezclas estaban bien hechas. Quizás el verde tenía demasiado de amarillo, o eso fue lo que pensó mientras los mezclaba, pero sobre el lienzo le gustaba cómo quedaba. La luz era estupenda, fue el motivo por el cual decidió pintar este paisaje y por el cual estuvo caminando tanto tiempo arrastrando este lienzo y el maletín con las pinturas y pinceles. No, la luz no podía ser. ¿Es por el verde? ¿De verdad?
- ¡Maldición!- lanzó el ancho y largo pincel al estanque azul del fondo.

La luz amenazaba con desaparecer entre las nubes mientras él se quedaba sentado y sacaba de uno de los bolsillos de su chaqueta una pequeña pera y una pequeña navaja.
Se rindió. Era único para eso. La derrota siempre le ganaba sin el más mínimo esfuerzo. Tal vez eso era lo que mejor le definía.
Se quedó largo rato contemplando el lienzo inacabado ocultando el paisaje tras él y empezó a cortar trozos de la pera que se llevaba a la boca. Nadie podría saber en qué estaba pensando exactamente, su mirada parecía que buscaba algún secreto en el lienzo. Un tesoro. Entre los huecos blancos y los colores solapados unos sobre otros. Pero sin darse cuenta pasó de contemplar lo que había dibujado a buscar lo que le faltaba. De mirar los árboles rodeando el estanque, de ver el cielo nuboso y gris sobre la hierba fina y húmeda pasó a imaginar qué podía faltarle.

En ese momento sintió como si estuviera atrapado en el lienzo él mismo. Pobre loco.
Ya no se llevaba trozos de la pera a la boca, simplemente estaba mirando el lienzo con cierto temor. Se sintió como si realmente el lienzo le estuviera contemplando a él. Como si tuviera el don de la conciencia y estuviera viendo en él una obra de arte. Se sintió atrapado de verdad.
Cuando él pintaba trataba de congelar el alma de sus creaciones entre las esquinas del lienzo blanco. Aún recuerda con cariño la primera vez que vio un lienzo virgen en la casa de su padre. Era un pequeño lienzo de retrato que aún estaba pegajoso de la cola blanca que su padre le acababa de dar para conservar mejor la pintura. Estaba tan acostumbrado a ver decenas de cuadros en su casa y en el taller de su padre que nunca había pensado en cómo era un lienzo. Y lo que percibió no fue muy diferente a cuando vemos un cuerpo sin vida. Sin chispa de color. También era blanco, como un cadáver. Como un esqueleto.
Ahora su lienzo parecía estar tratando de cosechar su alma. El alma del creador. En vivo castigo por las miles de almas que él había recolectado en miles de cuadros.
La mano de su cuchillo se acercó un poco a la mano de su pera y se produjo un leve corte que le provocó una escandalosa aunque inofensiva hemorragia en la punta del dedo corazón. Se sobresaltó saliendo de su ensoñación con un pequeño grito mientras dejaba caer entre sus piernas la pera y la navaja. Se llevó el dedo a su cara para examinar el corte y vio cómo salía saliendo sangre caliente de una herida sucia entre tierra y pintura seca. Tras su mano vio el cuadro y comprendió.
Cogió la pera rápidamente y la lanzó al cuadro con todas sus fuerza tirándolo al suelo.
Se llevó la manos a la cabeza y empezó a sollozar.
- ¿Qué me pasa?

En ese momento escuchó una rama moverse entre los arbustos a su izquierda. Sobresaltado se puso en pie y cogió un frasco de cristal grande que tenía pasa enjuagar sus pinceles. Se acercó a los arbustos levantando el frasco por encima de su cabeza. Su paso era lento y distraído, parecía un borracho. Pasó al lado del cuadro que estaba en el suelo y pudo ver que la pera había dejado una horrible mancha de su sangre roja y negra en la hierva, a la orilla del estanque azul. Al verla, su respiración se tranquilizó y bajó el frasco de cristal. Siguió andando a los matojos y apartó un puñado de ramas con la mano que le quedaba libre.
- Ayudame.- dijo una mujer preciosa que aparentaba tener su edad.- por favor.
- Oh, Dios mío.

La muchacha tenía heridas por toda su cara, piernas y manos. Estaba mal herida y parecía haber perdido mucha sangre. Tiró de inmediato el frasco a sus espaldas sin importarle dónde caería y le ayudó a la chica a ponerse en pie pasando su brazo por su espalda.
- Venga, arriba. Te conseguiré ayuda.

Se acercaron con paso vacilante mientras él sostenía todo el cuerpo de la chica y le repetía que no se preocupara. Ella pudo, con mucho esfuerzo, darle las gracias unas tres veces en ese recorrido que parecía que no acabaría nunca.
La sentó a la orilla del estanque y empezó a lavarle las heridas de las piernas, los brazos y la cara. Le dio de beber y le acarició el pelo para que se relajara y pudiera recobrar fuerzas.
¿No tendrás algo de maquillaje, verdad?
Ella hizo como que si no hubiera oído eso. Se dedicó a cerrar los ojos y a sentir como su mano le acariciaba la melena. Como su pelo se entrelazaba en sus dedos sintiendo, en ocasiones, incluso tirones. Parecía que la estuviera peinando y todo.
De, repente, él la empujó hacia atrás y la tiró de cabeza al estanque sosteniéndole la cabeza bajo el agua. Para estar moribunda, se resistía con mucha energía. Con una mano le mantenía la cabeza bajo el agua mientras con la otra mantenía la melena a salvo de mojaduras.
Sintió como se le escapó la última agonía en forma de múltiples burbujas y su cuerpo dejó de luchar. Esperó un poco más para asegurarse y la sacó rápidamente para tumbarla en la fina hierba a la orilla del estanque. La arrastró un poco y le secó la cara, cuello y pecho con su propia camiseta.
Luego volvió a donde había dejado su paleta y pinceles y empezó a pintarle la cara con pinceles secos, dejándole caer el polvo de los colores que quería. Magenta para los pómulos, negro sobre los párpados que cerró, y mojó, por último, el pincel en el rojo madera que tenía para perfilarle los labios.
Cuando acabó, la colocó en una postura tendida, en paz y volvió a por su cuadro para colocarlo en el caballete viejo y ennegrecido.
La había dejado justo en el lugar que ocupaba la mancha de su sangre que ya estaba seca. Cogió sus pinceles finos y empezó a dibujarla en el cuadro.
Se hizo de noche y vio cómo su obra estaba terminada. Dio un paso atrás para contemplarlo con los brazos cruzados y cansados. Hacía mucho tiempo que no trabajaba tan duro y sabía que mañana tendría agujetas, pero eso no le quitaba la sonrisa de orgullo que tenía en la cara.
El paisaje cobró vida, los huecos blancos estaban equilibrados y la armonía del conjunto era perfecto. Tan perfecto como su protagonista, la hermosa damisela en apuros que te miraba desde el cuadro con los ojos grandes y blancos de forma acusadora.
- ¿Qué...?

Se echó a un lado para mirar a la mujer y vio que, efectivamente, tenía los ojos cerrados y maquillados. ¿En qué estaría pensando cuándo los dibujó?
Afortunadamente es fácil de arreglar, casi tan fácil como rellenar la parte blanca de los ojos con el color del párpado ennegrecido por el maquillaje. Pero no pudo.
Le parecía demasiado perfecto el cuadro tal y como estaba y no cambiaría absolutamente nada.
Empezó a recoger todo su equipo, embaló el cuadro con la tela destinada para ello y echó un último vistazo a la dama.
- Gracias. Muchas gracias.
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Re: Pinturas

Mensaje  Daniels el Miér Nov 09, 2011 6:55 pm

Gran relato, es increíble como la perfección de un artista por su obra puede arrastrar a la locura...
¿Loco o genio?... en ocasiones ambas cosas.

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Re: Pinturas

Mensaje  Marea el Miér Nov 09, 2011 7:01 pm

O_O
GRACIAS
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